Hoy, 3 de junio, Argentina celebra el Día del Emigrante Italiano, El Día del Inmigrante Italiano, establecida por ley en 1995 y sentida en todo el país con una profundidad que va mucho más allá del protocolo institucional. La fecha no es casualidad: el 3 de junio de 1770 nació Manuel Belgrano, creador de la bandera argentina e hijo de Domenico Belgrano Peri, un ligur que emigró de Capo d'Oneglia, en la actual provincia de Imperia. Uno de los padres fundadores de toda una nación tenía sus raíces en un pequeño pueblo italiano que hoy tal vez ni siquiera sepa que existe en la memoria de millones de argentinos.
Entre 1860 y 1960, casi dos millones y medio de ciudadanos italianos llegaron a Argentina. No llegaron como italianos; eran ligures, venecianos, piamonteses y friulanos, hijos de una nación aún por formar, impulsados por sentimientos unificadores pero caracterizados por una fuerte connotación local que aún pervive hoy en la vasta constelación de asociaciones regionales presentes en Argentina. Trajeron consigo dialectos, recetas, santos patronos y costumbres campesinas. Y las llevaron consigo a la nueva tierra, que creció y creció con ellos. Hoy, esa tierra tiene una población de la cual casi el sesenta por ciento es de origen italiano. Una cifra que no es solo una estadística. Es una civilización dentro de otra civilización.
Sus países de origen los esperan con los brazos abiertos.
Cada verano, miles de ítalo-argentinos regresan a los pueblos de donde partieron sus bisabuelos. Localidades del Véneto, Calabria, Campania y Sicilia aún conservan los registros parroquiales, los nombres en las lápidas y la memoria viva de quienes allí vivieron. Estas comunidades los reciben con los brazos abiertos: no como turistas, sino como una parte de sí mismos que se había quedado dormida lejos de casa. El verano italiano, con sus fiestas patronales, ferias locales y veladas en la plaza, es el momento perfecto para regresar. Para escuchar por fin tu apellido pronunciado con el acento correcto.
Y para aquellos que cumplen los requisitos, este viaje puede convertirse en algo aún más concreto: el reconocimiento de la Ciudadanía italiana por descendenciaEl pasaporte italiano es un derecho que muchos ítalo-argentinos pueden reclamar, ya sea a través de sus consulados o directamente en sus ciudades de origen. Un documento, sin duda. Pero también un gesto de pertenencia.
Hay algo conmovedor en la idea de que toda una nación se detenga un día al año para recordar a aquellos que llegaron con poco o nada y lo dieron todo. Hombres y mujeres que nunca dejaron de llamar. país Un lugar que jamás volverían a ver. Les enseñaron palabras en italiano a sus hijos sin saber usarlas ya. Conservaban en la cocina una fotografía en blanco y negro de una plaza que solo existía en la nostalgia. Hoy, esos pueblos aún existen. Y esperan volver a ver a sus hijos que emigraron a Argentina.
¡Feliz Día del Emigrante Italiano a todos los ítalo-argentinos!