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Santa Rita de Casia, la santa de lo imposible

Santa Rita de Casia es un refugio para quienes ya no lo tienen, una luz que brilla cuando todo parece oscuro. En Italia, casi todos han pronunciado su nombre al menos una vez en su vida. Quizás en un susurro, en un momento difícil, cuando toda esperanza parecía perdida y no quedaba más remedio que confiar en algo superior.

Rita nació alrededor de 1381 en Roccaporena, un pequeño pueblo de Umbría cerca de Cascia. Desde niña sintió una profunda vocación religiosa, pero sus padres la habían destinado al matrimonio. Rita obedeció y se casó con un hombre de carácter difícil, violento según algunas fuentes. No se rindió. Lo amó, lo apoyó y lo ablandó con paciencia y oración. Entonces llegó el verdadero dolor. Su esposo murió en una de las muchas disputas que asolaron la Umbría medieval. Rita, viuda con dos hijos, tomó una decisión extraordinaria: rezó para que sus hijos murieran antes que crecer con el veneno de la venganza en su corazón. Ambos hijos murieron poco después, a causa de una enfermedad. Un dolor inmenso que Rita transformó en ofrenda. Liberada de los afectos terrenales, Rita llamó a las puertas del monasterio agustino de Cascia. Fue rechazada. Volvió a llamar. Fue rechazada de nuevo. En el tercer intento, según la tradición, se encontró misteriosamente dentro del convento, como transportada por una fuerza invisible. Desde ese momento, nunca se separó de allí. En reclusión, Rita profundizó su devoción a la Pasión de Cristo. Un día, meditando sobre la corona de espinas, pidió compartir al menos una pequeña parte de aquel sufrimiento. Una espina del crucifijo le atravesó la frente. La herida permaneció abierta durante quince años, hasta su muerte el 22 de mayo de 1457.


¿Por qué se la llama la santa de lo "imposible"?

A lo largo de los siglos, los fieles le han atribuido este título debido a los numerosos milagros vinculados a su intercesión, muchos de los cuales involucran situaciones desesperadas: enfermedades incurables, reconciliaciones imposibles, gracias negadas por todos los demás. Rita parece especializarse precisamente en esto: asumir las causas que nadie quiere. En Italia, su devoción es generalizada y universal. Se la encuentra en los hogares de las abuelas y en los llaveros de los jóvenes, en capillas rurales e iglesias urbanas. El 22 de mayo, peregrinos de toda la península acuden a Cascia.
Santa Rita no es una figura distante e inaccesible. Es una mujer que experimentó el matrimonio y la viudez, la maternidad y el dolor, el rechazo y la perseverancia. Soportó todo tipo de sufrimiento humano sin dejar jamás de creer que hay sentido, incluso en lo incomprensible.

Su mensaje, hoy como hace siglos, es simple y poderoso: ninguna situación está realmente perdida, mientras haya alguien dispuesto a no rendirse.

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